El tiempo es solo un acuerdo vano para los niveles fundamentales de la vida y heme aquí recogiendo sábanas de los canastos hace ya mil años y luego soplando un diente de león maduro cerca de tu cara llena de risa eones después.
Se acerca el momento, o mas bien ya está aquí y al unísono ya fue...en que encontramos el enclave purpúreo, por llamarlo de algún modo, por atribuirle color, en que los actos mágicos de nuestra existencia fueron, son y serán dados por religión primigenia, por bailes atávicos, por rituales satánicos, por representaciones callejeras-y por ende públicas- y por secretos escondidos tras de puertas desdibujadas como a carboncillo grueso; también como sublimes encuentros privados de la luz en los rincones de los sitios eriazos y las mamparas aparentemente cerradas con baldosas frías y llaves de paso que se nos entierran en las espaldas.
Todo esto por que en la eternidad sin tiempo, como dijo Borges en sus brillantes palabras de ojos apagados, todos seremos todo, todo será todo: si observamos el decurso de la historia nuestro acto mágico de ser es, será, fue y volverá, tendra miles de nombres, habitará todos tus sueños y todos los mios, corromperá las morales y nos enviará a conventos, o nos purificará el alma y seremos en los avernos familiares como la brasa ardiente que nos conforma: al tiempo inerte, al tiempo arde, al tiempo gris y en equilibrio.
