9.7.09

Conejo Blanco...o Cómo Huir Y Matar Dos Pájaros De Un Tiro.

El capó se llena de vapor frente a mi nariz y mi boca siguiendo tus movimientos.

Mi palestina, antes al alcance de mi mano, se desliza hacia el suelo como pulpo sinuoso en el fondo del mar.

Me sujetas de las caderas tirando cada vez con tus dedos de árbol. A veces, te curvas sobre mi y pones tu mano sobre la mía en un enredo de dedos. Me encanta. Me puedo enamorar. Tengo miedo y risa por eso y por que, al fin y el cabo, estamos en un estacionamiento de camiones. Son las 5 de la mañana, debería haber una ronda; reímos ante la idea de un guardia sorprendido al avocarnos a este atávico menester.

En medio del ominoso placer, dije un nombre. No uno cualquiera…y no el tuyo. Sino el de aquel que por 14 años me tuvo y le tuve. Ya no le amo; sin embargo mi boca estúpida articuló su nombre, rápido y acezante; una sola sílaba. Y ese sonido abrupto desató tu ira, lo truncó todo dejando bosques muertos y tormentas.

Como explicarte, que pánico decirte que querría que fueras lo que él fue en mi vida. Pero soy el conejo blanco: ya es tarde… Debo encontrarme con la reina.

Mea Culpa: Gotas


Sí es cierto. Eso de las gotas lo inventé yo. Y los besos diminutos que dieron origen a esa nomenclatura ingenua eran míos. Lo acepto, no me lo vuelvas a decir: mi invento; no tuviste nada que ver.

El vino manchaba tu boca púrpura como si te hubieses ahogado en el fondo del mar. Estoy tendida detrás de ti, la nariz en esas hebras de pelo tan azul como los hilos de las parcas.

Es imposible restarse de tu olor…salvaje para mi, como todas las plantas de los campos y todas las frutas pulposas de la tierra.

Tocas mi mano que te toca. Mi boca cae sobre tu pelo y suelto esos besos diminutos, queriendo que sean dulces y sin insinuación, puro bálsamo a tu congoja, dices que suenan como gotas...

¿Era necesario que voltearas? Hendiste tus pupilas en las mías; tomaste mi cara con tus manos de árbol, acezaste con desesperación… ¡Dejaste que respirase tu aliento, que mirase dentro de tus ojos!

Es cierto, lo de las gotas lo inventé yo; tu no tuviste nada que ver…