Mi palestina, antes al alcance de mi mano, se desliza hacia el suelo como pulpo sinuoso en el fondo del mar.
Me sujetas de las caderas tirando cada vez con tus dedos de árbol. A veces, te curvas sobre mi y pones tu mano sobre la mía en un enredo de dedos. Me encanta. Me puedo enamorar. Tengo miedo y risa por eso y por que, al fin y el cabo, estamos en un estacionamiento de camiones. Son las 5 de la mañana, debería haber una ronda; reímos ante la idea de un guardia sorprendido al avocarnos a este atávico menester.
En medio del ominoso placer, dije un nombre. No uno cualquiera…y no el tuyo. Sino el de aquel que por 14 años me tuvo y le tuve. Ya no le amo; sin embargo mi boca estúpida articuló su nombre, rápido y acezante; una sola sílaba. Y ese sonido abrupto desató tu ira, lo truncó todo dejando bosques muertos y tormentas.
Como explicarte, que pánico decirte que querría que fueras lo que él fue en mi vida. Pero soy el conejo blanco: ya es tarde… Debo encontrarme con la reina.
Me sujetas de las caderas tirando cada vez con tus dedos de árbol. A veces, te curvas sobre mi y pones tu mano sobre la mía en un enredo de dedos. Me encanta. Me puedo enamorar. Tengo miedo y risa por eso y por que, al fin y el cabo, estamos en un estacionamiento de camiones. Son las 5 de la mañana, debería haber una ronda; reímos ante la idea de un guardia sorprendido al avocarnos a este atávico menester.
En medio del ominoso placer, dije un nombre. No uno cualquiera…y no el tuyo. Sino el de aquel que por 14 años me tuvo y le tuve. Ya no le amo; sin embargo mi boca estúpida articuló su nombre, rápido y acezante; una sola sílaba. Y ese sonido abrupto desató tu ira, lo truncó todo dejando bosques muertos y tormentas.
Como explicarte, que pánico decirte que querría que fueras lo que él fue en mi vida. Pero soy el conejo blanco: ya es tarde… Debo encontrarme con la reina.
Maldita mente que en ocasiones traiciona, imagina con algun porcentaje de alcohol etilico en la sangre.
ResponderBorrarSaludos mel me alegra que vuelvas.