Con este último relato doy cierre a la historia que se cuenta en Corrompealma. Hasta un nuevo ciclo.
Amanecía, resbalé en la humedad de piso de la cocina y reímos.
Horas atrás todos se habían ido, pero tu decidiste quedarte. Sentí algo molesto en el pecho. ¿Un aleteo de pájaro? Durante tu larga ausencia no había dejado de quererte tal como eres, cosa muy difícil, según dicen. La conversa nos dio las 3 am y alegando, apagué las luces del living para ir a lavar platos.
-"¡Que agradable descansar la vista!"- dijiste, y te metiste conmigo a la cocina sin que nadie encendiera la luz. Pusiste música y cantamos, me contaste historias tuyas. Hablaste de pelis, de ir al galpón, de gatos. De sentimientos y seres queridos. De magia. Me abrazaste raro varias veces y yo imaginaba cosas, pero sinceramente no creía que fuesen a pasar. Hasta q decidí tentarte y me senté en el mesón tras de mi, extendiendo una de mis piernas hacia el del frente, como encerrándote sin hacerlo. La música paró, te callaste pero sonreías, y volví a tomar vino. Vuelta a los abrazos, y te acercaste peligrosamente.
-También te he echado de menos- te dije mirándote hacia arriba en la obscuridad, como si al abrazarme una y otra vez continuaras un diálogo dulce comenzado la luna anterior. Descansé mi cabeza en tu hombro, escuchándote latir con fuerza; sintiendo tus brazos a mi alrededor. Como flotar en la corriente de un río tranquilo en un día de nubes y viento suaves. ¿Por qué mierda me siento así sólo contigo? Ahí queda mi carácter indomable, mi fama de déspota.
