10.3.12

Caos en la Cocina (too graphic)

Con este último relato doy cierre a la historia que se cuenta en Corrompealma. Hasta un nuevo ciclo.


Amanecía, resbalé en la humedad de piso de la cocina y reímos. 

Horas atrás todos se habían ido, pero tu decidiste quedarte. Sentí algo molesto en el pecho. ¿Un aleteo de pájaro? Durante tu larga ausencia no había dejado de quererte tal como eres, cosa muy difícil, según dicen. La conversa nos dio las 3 am y alegando, apagué las luces del living para ir a lavar platos. 

-"¡Que agradable descansar la vista!"- dijiste, y te metiste conmigo a la cocina sin que nadie encendiera la luz. Pusiste música y cantamos, me contaste historias tuyas. Hablaste de pelis, de ir al galpón, de gatos. De sentimientos y seres queridos. De magia. Me abrazaste raro varias veces y yo imaginaba cosas, pero sinceramente no creía que fuesen a pasar. Hasta q decidí tentarte y me senté en el mesón tras de mi, extendiendo una de mis piernas hacia el del frente, como encerrándote sin hacerlo. La música paró, te callaste pero sonreías, y volví a tomar vino. Vuelta a los abrazos, y te acercaste peligrosamente.

-También te he echado de menos- te dije mirándote hacia arriba en la obscuridad, como si al abrazarme una y otra vez continuaras un diálogo dulce comenzado la luna anterior. Descansé mi cabeza en tu hombro, escuchándote latir con fuerza; sintiendo tus brazos a mi alrededor. Como flotar en la corriente de un río tranquilo en un día de nubes y viento suaves. ¿Por qué mierda me siento así sólo contigo? Ahí queda mi carácter indomable, mi fama de déspota.

Comenzaste a vibrar internamente antes que tu cuerpo, y te dejaste ir con esa frecuencia. Transmitirla es parte de tu poder, o tal vez el mío es sentirte. Acercaste tu nariz a mi cuello, despacio, y me hiciste sentir tu respiración. Los besos que recibí con mi cara entre tus manos se sintieron primero como el peso de la pluma de Maat en la balanza de Anubis: una justicia que tarda en llegar, que sólo ocurre cuando mueres. Luego era el viento en el follaje de un bosque húmedo que ambos visitamos en ensueño hace ya tiempo. No hice nada, excepto sentir que de verdad existía, y exhalar. Sentir que a pesar de tener sexo con otras personas, nunca siento que su energía es más poderosa que la mía, nunca me envuelve, nunca es el torbellino del vacío agorero el que me toca.

Sentir el encaje perfecto de nuestras bocas grandes, la profundidad de las gargantas, el grosor de las lenguas. Para mí, el nirvana, o el solaz maravilloso de la muerte. Sólo eso y ya era inmensamente feliz. Olvido de toda la mierda de historia que nos precede... sólo en-sueño.

Tiemblas y acezas mientras intentas sacar tu polera conmigo mordiendo tu ombligo, enredas tu pañuelo, cae al suelo y te ayudo, pero el enredo de brazos era imposible si en el intertanto también querías abrir mi botón y estábamos tan cerca. De la paz infinita al cuerpo y al sexo en un segundo., contigo nunca se sabe. Un momento eres aire y al instante agua, luego fuego y la mezcla es el tifón más destructor y creador que existe. Caos Viento Sur.

¿Qué está haciendo..?!- Me retas suave cuando vuelvo a poner mi propia ropa en su sitio...Y es que no estamos solos. Pero me aprietas un poco, me tiras mucho, me presionas con las manos; me tientas y al tocarte el pantalón te sentía ya tan dentro mio que era imposible prescindir de ti. Mi respiración se hace cada vez más pesada y al alcance de mi boca, están tus orejas. Abro los labios hinchados para disfrutarlas, lamerlas y mordisquearlas lentamente. Con la lengua húmeda me deslizo hacia tu cuello inmortal que amo, me detengo allí y luego enfilo hacia tu pecho, dibujando los contornos, sintiendo la clavícula y más abajo, y cómo las rugosidades de tus areolas ceden a la lengua pero luego se endurecen y turgen entre mis dientes...acariciarte y ver tu boca exquisita en fuerte éxtasis preeliminar mientras las huellas de tus dedos largos quedaban repartidas por mi, hicieron que me rindiera rápido. Abrí tu cierre con todo el cuidado que nuestros estertores permitieron.

Tupido bosque sobre tu piel blanca, tu desnudez me resulta sobrecogedora. Bajé lamiéndote todo a mi paso, tocándote con las puntas de mi pecho, cosa que más me enardecía, hasta estar de rodillas frente a ti y ponerle en mi boca. Diosas, universo, cuánto lo deseaba. El abandono inicial se ha largado y ahora soy dueña de la situación. Lo tomo de la base y rozo tu glande una y otra vez, de un extremo a otro de mi boca, de comisura a comisura, lenta pero continuadamente, respirando, sintiendo sus leves cambios de temperatura, los movimientos queriendo levantarse más y más; hasta que mirándote directo a los ojos lo introduzco en mi boca de labios a garganta, una y otra vez hasta sentir cómo mana ese sabor dulzón. Me encanta, el único problema es que mi vagina se pone tan turgente como tu, y siento espasmos de esa otra boca húmeda que urge llenar con tus dedos, con tu lengua, contigo.

Gimes y tiemblas que no puedes más, hasta que me agarras con fuerza y casi me sientas de golpe en el mesón frente a ti. La mezcla de piernas y el frotagge me hiceron arquear la espalda, crispar las manos. Ya no podía detener el aire que exhalaba y de pronto, mientras nos besamos con fuerza salvaje, sujetas una de mis piernas arriba. Completamente expuesta, tus dedos comienzan a dibujar espirales húmedas bajo mi Monte de Venus, rodeando mi clítoris desesperado y feliz. Veo mi piel arder mientras sostenemos nuestras miradas a milímetros de distancia, sin ceder ni alejarnos; sintiendo en la boca el calor de la boca del otro aún sin tocarla; el vaho caliente. Siento tus dedos cada vez más rápido pero aún lento; el bajo vientre agitado y lleno de estertores ácuos, hasta que notas que estoy muriendo y respiras dentro de mi boca dándome el segundo brutal orgasmo de la madrugada.

Me das vuelta con un movimiento brusco de tus enormes manos; respondo con la coordinación los pájaros en las bandadas. Por un instante esperé la penetración por detrás con un sonido atrapado en el alma, me sorprendí al sentirte resarciéndote más abajo...metí mis dedos por delante para ayudarte a llegar donde querías y tomaste un ritmo insano que hizo que al sentir como crecías dentro de mi y tirabas de mi cuerpo mientras me acariciabas, me fuese una tercera vez sin confesarlo, y luego una cuarta. Mi cuerpo entero exhalaba placer descontrolado, infinito. Y eso es sólo contigo. Dijiste como sorprendido que rompí tus resistencias, pero imagino que en realidad eso te pasa con todas, sino, vendrías a verme más seguido. Pero dejemos los dolores para otro día.

Podría seguir describiendo los momentos, las penetraciones, las divertidas dificultades, la copa vacía que cayó, las finas hierbas esparcidas por el suelo, los fósforos perdidos, tus dedos apretando mis caderas o mis pezones como el desquiciado que eres; o cómo al salir de mi...sólo diré que nuestras huellas quedaron marcadas en el piso, y que reímos gracias a la luz tenue azulada luz lunar del amanecer...de otro modo, el espectáculo era un tanto asqueroso.

En fin. Te invito cuando quieras a repetir el desastre xD

Desvergonzadísima Isabel

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