OK
Pero una cosa llevó a la otra y luego esta a aquella.
No hubo día en que hubiese paz.
Fencing, que yo no recordaba la palabra y la supo. Ñoñerías medievales. Libros viejos.
Por verguenza y por mantenerme a buen recaudo de líos, no mencioné más allá el tema del texto maldito ese, donde antes de conocerle el vulgar lápiz mina me pareció hilos de plata y su caligrafía chueca, runas. Aún las veo así, pero no significa que no sepa lo que son...
Y Relatos. Sus eternos relatos nadando en personajes dignos de rpg o alguna obra literaria ñoña, desvencijada y bacán, donde sus actos siempre iban mas allá de lo imaginable; temerario, lleno de cicatrices, bebiendo pociones curativas y otras netamente espirituosas, luchando con armas de sutil y bestial diseño en lugares secretos, intercalando la trama con promesas reales jamás cumplidas...
No me malinterpreten; me da lo mismo que no las cumpliera totalmente, por que los que escuchamos bien estuvimos ahí, oimos los metales chocando, nos cegamos con los reflejos de las hojas, y vimos sus destellos al mellarse.
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