El colorín de los dreadlocks tiene horarios raros, y tenía cerrado su bar. Su culpa fue que encontráramos el Armenia cruzando la calle y cruzando también los prejuicios. Te lo dije varias veces: ¿Qué haces con cara de cuervito enjuto y nervioso? Deberías andar siempre como cuando salimos, que tus hombros se estiran, tu cuello se alarga (inconcebible...) te ves grande y tranquilo...supongo que entendiste que me gustabas y decidiste aprovechar la oportunidad, o yo te gustaba tanto como para armar ese juego - ¿debo suponer que era un juego? para mi es tan real...- ese juego de las conexiones, de las co-incidencias,
Irlanda, estar al medio, el rol, la protección...Zack en el techo de mi casa, en el patio, en mi habitación...tanta cosa que embolinó la perdiz loca que al parecer tengo por cabeza.
Ahí sentados en unos coolísimos poufs de cuero negro, el bar era rojo sangre. Bebimos ruso blanco o negro, ya no me acuerdo, pues tengo la sensación de que se nos hizo costumbre- y un bloody mary o dos. Estiraste tus alas y a mi juicio, no desteñías para nada. Estaba tan cómoda...que no quería que se me notara. En eso, un tipo fue poseído por un pululante en busca de conducto..., ¿te acuerdas? y un paco al que dijiste conocer tuvo que venir a pararle el carro...el tipo era un jabalí enorme y furibundo, queriendo romper la nariz de alguien sin importar de quién...tu te estiraste aún más, fue como si hubieses puesto un campo de fuerza...el jabalí estaba encima de nuestra pequeña mesa baja.
Decidimos cambiarnos de mesa por que me frikeó estar cerca de la entrada con tarados como esos dando vueltas. Y aquí viene el motivo de mi racconto, un delicioso recuerdo escondido que constituye el primer signo de la odisea que sobrevendría.
Revolviendo la sangre que bebías, me mirabas fijo mientras hablaba estupideces fingiendo que no me importabas, que estaba en un reino distinto de la razón. Tenías una expresión levemente...divertida. Te estabas divirtiendo conmigo.
Y de pronto, acercaste tu mano a mi cara...y suavemente, lentamente, diestramente, pasaste un dedo por mi boca...anhelante, bloqueé de inmediato toda expresión; según yo, no moví ni un músculo.
¿Por qué lo haces...? preguntaba sin articular sonido alguno, manteniendo la mirada que sostenías. Mi expresión debe haber sido férrea, ni un rictus en la boca. Tú te mandaste un comentario lisonjero sobre mis rasgos, siempre caballero, pero tirándome un piropo personal -y sensual- que estuvo apunto de desmoronar lo que me mantenía lejos de ti. Y más encima tu voz...Auch, auch por mil millones. Quise acallar mi mente y dejarme llevar, pero entiéndase, usía, mi situación era complicada. Ese era mi alumno, y tenía novia.
Como dije, racconto de una pequeña caricia que cruzó prejuicios...el prejucio, por ejemplo de que en un bar como ese no se podía pasar bien, o el prejuicio de que yo no te podía gustar...o de que 16 años de diferencia eran demasiado.
By the way, el Armenia ya no existe...
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