18.1.11

Pelos de Perro

-Mel, ...¿te gustó?...-

La pregunta caída del ciberespacio detonó cantidades de flashbacks sedientos de volver a ver tan cerca la madera obscura de la mesa de tu mamá mientras te sentía empujarme, o de inspirar profundo sintiendo la sangre en las venas palpitantes de tu cuello; o de apretar el cuero del sofá como si estuviese a punto de caer de un precipicio; sentir la alfombra en mi espalda. Explorar la muralla del comedor torpemente con mis dedos mientras mi cuerpo se movía a tu ritmo extraño, mecido y sacudido por tus manos. También recordé los acordes estridentes de tu garganta cuando, antes de consumar irrevocablemente, quise arrancarme de tu casa. No era la primera vez que huía y terminabas despotricando. Me preguntaste si "quería". Te contesté: -Y tu, ¿seguro que quieres?-

¿Cómo no preguntar pa asegurarme? Tenías polola, estábamos en el living de tu casa, yo era década y media mayor. Era tu profe, estaba en posición de autoridad. Eso sólo en la teoría. En esta historia, quien mandaba eras tu. Respiraste para gritar.

-¡QUIERES o NO QUIERES! ¡NO se responde una pregunta con otra pregunta!.-

Tus perros aullaron acompasadamente, como música de fondo que mitigase tu despotrique. Quedé tensa, asustada con tu arranque, estupidizada con el gesto de tu boca, feliz porque claramente no querías que me fuera, y no podía entender esos adornos de cristal transparente tan horribles en la mesa de centro.

Ahora, pasada la noche y el día,  como toda evidencia figuraba la pregunta en la pantalla y el cursor titilando expectante de mi respuesta; más montones de pelo de perro renuentes a salir mi ropa.

1 comentario:

  1. Y las preguntas fueron respondidas satisfactoriamente? haha mas preguntas.

    Un fastidio quedarse con la duda y que la mente te haga crear respuestas bien fumadas que a veces te ponen paranoico.
    Corto pero interesante tu escrito.

    Saludos!!!

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