13.1.12

Sintiendo el Aleph- Adiós, Corrompealma


Pasan los ciclos y Einstein se equivoca. Nada en mi pecho se transforma, mucho menos desaparece. Se van y vuelven las torcazas con la estación después del frío, mientras mirlos negro-azulados me llaman por las esquinas. Otra vez. Y tú vuelves. No en un día frío, como tantas veces imaginé. Ni con las nubes arreciando lluvia salvaje, no en un momento obscuro. Llegas con la luz, con las arañas blancas que penden ligeras del damasco y sus frutos maduros.

¡La noche más brillante y dulce que he visto!

Ah!, es magnífico sólo conversar horas contigo, echar los pensamientos a bailar y que salgan seres, mundos, máquinas, pájaros, universos. Toco tu brazo y tú mi cabeza, coincidimos cintura con cintura. Sólo coincidencias, o más bien puras mentiras. Tu novia te dejó, viniste por aquello que te faltaba, no por mi. Un poco más y me rechazas, olvidando tu rol de conquistador de esa noche. O era a la inversa, y por una vez estabas olvidando tu rol de desinteresado? Tanto te costaba demostrar que sí te gustaba? Ay.

Tu cuello sigue oliendo delicioso, tu cara no ha cambiado casi nada, tu boca sigue siendo fuente infinita- textura perfecta para la mía. Me diste un momento más en el Aleph: mareada en la corriente del Caendorth, embebida de tu fuerte respiración...y mi mente queda en silencio, mirando el ominoso paisaje de montañas negras recortadas contra los cielos obscuros, las que guardan los eones pasados y por venir. Los bosques y cada una de sus gotas de rocío turgentes en plena noche, todas las noches. Todo en su sitio y nada se ha perdido, toda historia que pasó de tu mente a la mía y la mía pobló de enredaderas. Apretaste mi pecho y lo hiciste sangrar.

Pero zarpar se hizo imposible, el puerto lleno de ojos se revolvía en el silencio de los mares obscuros. Tú entendiste. Sentí ganas de agradecer a las tejedoras por tu existencia; la felicidad me cubrió, tal como tu aroma. La próxima vez que te vi, en cambio, sentí ganas de echarme a dormir en el frío como un perro al que se deja fuera de casa. Todo por esas rabietas tuyas.

A pesar de toda tu mierda, que no es poca y lo sabes, los años pasaron y no cumplí lo de olvidarte. Así que pienso cerrar este blog: su objetivo (exorcisarte)  es fútil. Y cargarse todo a la espalda o enterrarlo por ahí. Ya no me importa. Ahora, a divertirnos en pleno apocalipsis y asomarse a mirar el Aleph cuando los vientos nos lleven al mar, o al pequeño subterráneo de Borges, mientras aún exista. Aunque yo sería muy feliz contigo, ser amigos me gustaba. ¿Olvidarte? Naah. Tal vez, algún día.

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A la audiencia invisible, adiós, y disculpas por todos los comentarios borrados. Estos eran gritos al viento; no necesitaba más que una respuesta. ¿Que si la conseguí?

Vaya, sí...después de dos años. Decidió aparecer, tuvimos horas dulces y a los días un atado de enredos y mentiras por todo, junto con ese talento para crear. Olvidó encender mis cigarros y escanciar mi cerveza, todo para que me alejara por mi misma y evitarse la molestia de hablarme, que además era reconocer lo poco y nada que había.

Por algún motivo quiso buscarme pero ese motivo no es suficiente ni para ser amigos ni compañeros de juegos. ¡Es posible que no tuviera con quien más follar, que a una mujer 15 años mayor? Lo dudo. Así que aún no sé a que vino, para qué las mentiras dulces, ni porqué a pesar de los años y los daños, aunque no le creo nada (a veces habla cada estupidez entre sus genialidades), le quiero.

Mel en el Vacío.

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